lunes, abril 19, 2010

Estienne de la Boetie

El labrador y el artesano, a pesar de ser sirvientes
de su amo, cumplen con su obligación
cuando hacen lo que se les pide. Pero el Tirano
ve a aquellos que lo rodean como si estuvieran
rogando y pidiendo sus favores; y éstos deben
hacer no sólo lo que él les ordena, sino que deben
pensar lo que él quiere que piensen, y la
mayoría de las veces también darle satisfacción
y hasta adelantarse a sus pensamientos. No
basta con obedecerle, ellos también deben agradarle;
deben hostigas; torturar, qué digo, matar
en Servicio suyo; y [... ] deben renunciar a
sus gustos por los gustos de Él, violentar sus
inclinaciones y deshacerse de su propio temperamento
natural. Deben observar atentamente
sus palabras, su voz, sus ojos y hasta sus cabezadas
de sueño. No deben tener ojos, pies, ni
manos, sino que deben estar COMPLETAMENTE
alertas, espiando su voluntad y descubriendo
sus pensamientos. ¿Ésta es una vida feliz?
Más aún, ¿merece esto llamarse vida?
 
Un discurso sobre la
servidumbre voluntaria

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