sábado, octubre 14, 2006

En Nombre De Dios


Salvador Rosa


Mientras unos aplaudían que se aconseja­ra un cambio, otros pensaban que el informe era el resultado de la retorcida malignidad que había generado el Concilio Vaticano II. En­tre estos últimos se hallaba el cardenal Ottaviani, secretario de la Su­prema Congregación Sagrada del Santo Oficio. El lema de su escudo de armas era semper ídem, es decir, siempre igual.

David Yallop

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